Poemas del alma y para el alma

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Las abandonadas

�C�mo me dan pena las abandonadas,

que amaron creyendo ser tambi�n amadas,

y van por la vida llorando un cari�o,

recordando un hombre y arrastrando un ni�o!...

�C�mo hay quien derribe del �rbol la hoja

y al verla en el suelo ya no la recoja,

y hay quien a pedradas tire el fruto verde,

y lo eche rodando despu�s que lo muerde!

�Las abandonadas son fruta ca�da

del �rbol frondoso y alto de la vida;

son, m�s que ca�da, fruta derribada

por un beso artero como una pedrada!

Por las calles ruedan esas tristes frutas

como maceradas manzanas enjutas,

y en sus pobres cuerpos anta�o turgentes,

llevan la indeleble marca de unos dientes...

Tienen dos caminos que escoger: el quicio

de una puerta honrada o el harem del vicio;

�y en medio de tantos, de tantos rigores,

a�n hay quien a hablarles se atreve de amores!

Aquellos magnates que ampararlas pueden,

m�s las precipitan para que m�s rueden,

�y hasta hay quien se vuelva su postrer verdugo

queriendo exprimirlas si a�n les queda jugo!

Las abandonadas son como el bagazo

que alambica el beso y exprime el abrazo;

si a�n les queda zumo, lo chupa el dolor;

�son triste bagazo, bagazo de amor!

Cuando las encuentro me llenan de angustias

sus senos marchitos y sus caras mustias,

y pienso que arrastra su arrepentimiento

un ni�o que es hijo del remordimiento...

�El remordimiento lo arrastra alg�n hombre

oculto, que al ni�o niega techo y nombre!

Al ver esos ni�os de blondos cabellos

yo quisiera amarlos y ser padre de ellos.

Las abandonadas me dan estas penas,

porque casi todas son mujeres buenas;

son manzanas secas, son fruta ca�da

del �rbol frondoso y alto de la vida.

No hay quien las ampare, no hay quien las recoja

mas que el mismo viento que arrastra la hoja...

�Marchan con los ojos fijos en el suelo,

cansadas en vano, de mirar al cielo!

De sus hondas cuitas, ni el Se�or se apiada,

porque de estas cosas... �Dios no sabe nada!

Y as� van las pobres, llorando un cari�o,

recordando un hombre y arrastrando un ni�o.

Julio Sexto � Poeta espa�ol y residenciado en M�jico