El monicongo - Amuleto de los ayudaos
Como conseguir el monicongo
Ahora lo justo es saber c�mo se consiguen el Monicongo tantas personas a quienes se les suele llamar �Ayudaos�, y que a m�s de suscitar envidia, se hacen temer por los dem�s mortales.
La historia, que no es el cuento, estos son los siguiente pasos:
Paso 1:
Se comienza por robarse un gato completamente negro, se toma una olla de barro con agua y se va bien adentro para un monte bien espeso, al cual debe llegar a eso de las doce de la media noche.
Paso 2:
Una vez en el centro del bosque, se prende candela y se pone la olla para que hierva el agua.
Cuando ya brotan los borbotones y sale humo del interior, se mete en ella el gato vivo y se les sostiene con las manos hasta que muera.
Cuando esto suceda, se tapa la olla, se aviva bastante la candela hasta que la carne del animalejo est� bien blandita es decir totalmente desbaratada.
Paso 3:
Luego se abre la olla, y con los ojos bien cerrados, se va cogiendo presa por presa, al tiempo que se pregunta en voz alta.
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Es �sta.
Mientras no se escuche respuesta las presas se van tirando para atr�s con la mano izquierda; pero cuando llega el momento en que se oye:
Esa es. y al mismo tiempo que se siente un fuerte olor a azufre, es entonces cuando el aspirante a tener Monicongo debe empreder veloz carrera sin mirar nunca para atr�s, hasta cuando llegue de nuevo a la casa.
Paso 4:
Una vez all� procede a comerse la carne que llev� y el hueso lo parte en pedacitos para guardarlo entre un mu�eco de chonta o de madera bien fina, que de antemano uno mismo ya haya hecho.
Acto seguido lo guarda en el carriel o en el bolsillo y debe cargarlo siempre.
Todos los d�as en las horas de la tarde, y sin que nadie se d� cuenta, le echa agujas o alfileres para que se alimente.
El Monicongo convierte a su poseedor en un hombre guap�simo para el trabajo y para la pelea y le confiere el poder de volverse invisible o peque�ito, hasta el
tama�o de una hormiga o del animal que desee, as� como el de covertirse en una mata de pl�tano u otra cualquiera, siempre y cuando que sea para librarse de un
enemigo; nunca le falta dinero para los gastos necesarios e indispensables y no puede dar limosna, porque si lo hace los billetes se le convierten en hojas secas y las monedas en piedras.
Sobra decir que si la persona no lleva el Monicongo consigo, no lo acompa�an estos poderes y que tampoco obra cuando es robado.
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