Conozca a medell�n por dentro


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El zapatero remend�n del hueco

Entre las estaciones del sistema metro de Medell�n, San Antonio y Cisneros, l�nea B, se desarrolla una actividad comercial sin comparaci�n con el resto de la ciudad.
Hace parte de la zona de Guayaquil, m�s conocido como Guayaco entre los antioque�os.
La peculiaridad del sector, es que, lo que no consigas all�, probablemente no lo consigas en otra parte.
Es un hervidero humano donde entra y sale gente, circula el dinero a diestra y siniestra sin preguntar de donde viene.
Por estos lugares lo mismo cruza el rico y el pobre, el honrado o el p�caro, se vende o se compra desde un cond�n hasta un carro, un pucho de mariguana, encuentras la amante para una noche o una ven�rea para el resto de la vida.
Se ama y se trabaja sin descanso, se goza o se sufre por un amor, desamor u odio...
Eso es lo que dice el hombre de la foto rumiando sus recuerdos idos.
Carlos Jos�, m�s conocido como el "Flaco" en la jerga de Guayaquil, hace treinta a�os ha levantado el sustento para �l y su familia trabajando como zapatero remend�n, nombre como definimos estos oficios en Antioquia, pero su verdadero nombre es el de Obrero Solador.
Nunca ha tenido un lugar fijo, pero siempre ha estado dentro la selva humana de su Guayaco querido.
Le ha tocado ver la transformaci�n de la ciudad, conoce sus secretos, amores y desamores que se cocinan muchas veces en la turbulencia de una pasi�n barata, o el rinc�n arrabalero de una cantina.
Cuenta el Flaco, que por esos lugares ha visto llorar valientes, o por unas m�seras monedas asesinar ingenuos transe�ntes.
La zona de Guayaquil la compone m�s de 70 manzanas, donde toda su parte externa est� ocupada por un negocio, empresa o instituci�n educativa o religiosa.
En una sola cuadra de recorrido, a lado y lado de la calle se puede encontrar mezclados unos con otros, desde una farmacia, un taller de carros, o un supermercado, una Iglesia cat�lica, anglicana o una casa de citas amorosas.
Se confunden las florister�as con un almac�n de telas, panader�as con tiendas de sahumerios, un consultorio m�dico o una port�n de drogaditos con restaurante barato... mas no por ello deja de tener su encanto, por que todos viven en completa armon�a.
Visitar estos lugares produce alegr�a o zozobra, los temores y recelos por la mala fama que se tiene de la zona, pues se dice que all� atracan, timan o embaucan a todo el mundo.
Puede que algo tenga de cierto los rumores, pero si lo visitas sin tanta prevenci�n y acompa�ado, hay muchas posibilidades que no te pase nada.
No lo hagas solo, y menos en horas de la noche, para que no te esculquen los bolsillos averiguando que tan pobre y arrancado te mantienes.
Si eres mujer, no visites por estos lugares con escotes provocativos, por que te pueden meter la mano buscando, si hay ratones por el c�lido rinc�n de tus teticas.
Cuando se camina por estos lugares por lo regular siempre hay una an�cdota para contar, con facetas diferentes.
Que un gam�n te persigui� por lo menos tres cuadras, que a la esposa, la mam� o la novia, un bellaco le pellizc� el culo.
Que una naranja podrida volando por los aires como un b�lido, casi le revienta un ojo o que su camisa recien estrenada se la volvieron una mierda con tomate destripado sobre la espalda.
Uno de los casos m�s graciosos pero asustadores que le puede pasar al hombre, es el siguiente:
Por estos lugares pululan las casas de prostituci�n, m�s conocidas como casas de citas o putiaderos.
Son edificios de uno o dos pisos, y en sus escalas las muchachas, maduras o viejitas con faldas cortas, escotes pronunciados y un maquillaje exagerado, se sientan en posici�n provocativa para que caiga el cliente. Lo curioso es que cuando la mercanc�a masculina est� muy escasa, estas chicas de la vida dif�cil,tratan de pescar marrano a como de lugar, empleando trucos raros.
Por eso, si tu caminas por estos lugares un poco distra�do, cuando menos piensas, sientes que te agarran de la camisa, de halan hacia dentro, y con voz muy queda le dicen al o�do:
Venga mijo lo invito a pichar bien rico
Le cuento paisano, que el susto que uno se lleva es muy verraco, pero realmente no pasa nada que lamentar, pues s�lo era un arrastr�n de alas para que vieras la mercanc�a expuesta escalas arriba y se te abriera el apetito.
El ruido de estos lugares es ensordesedor y produce cierta angustia, pues se confunden el dialogar de la gente, con los perifoneos de los payasos, la canci�n de carrilera, el pasillo, los vallenatos, que brota de una radiograbadora, o el tango malevo y arrabalero que sale de un bar o cantina.
Ese es Guayaco - Un soplo de vida, dice el Flaco suspirando con nostalgia por ese mundo de insondables esperanzas.
Carlos Jos� - El flaco - naci� en el departamento del Valle, donde vivi� hasta la edad de los cuarenta a�os.
Los primeros a�os de su juventud trabaj� al lado de su padre en el noble oficio de la fotograf�a hasta llegar a ser profesional en este arte y tener su propio taller.
Por esos golpes que a veces nos da la suerte, por llevar una vida disipada entre licor y mujeres, el Flaco perdi� chicha, calabazo y miel.
Sin dinero, pero con ganas de trabajar, se vino para Medell�n y en pleno Guayaquil mont� su taller de reparaci�n de zapatos.
Hoy treinta a�os despu�s, no se arrepiente de su pasado, entre zapatos ra�dos, a punta de cueros, puntillas, pegantes y bet�n, ha logrado sobrevir con su familia.
Hoy, a sus 70 a�os de edad, no piensa abandonar su Guayaco del alma, es el mismo mundo que de joven lo hizo feliz, y fue el causante de su desgracia.
Aqu� terminar� sus �ltimos a�os de vida, anestesiado por el olor de del sacol y la pecueca.
Amigo turista, colombiano o del extranjero, cuando vengas a mi ciudad, pregunta como es Medell�n por dentro.
Conoce estos lugares que tambi�n hacen parte de nuestras costumbres e idiosincrasia paisa.
Cr�nica escrita por Carlos E. Alvarez editor de uctovnictvo-dane.live

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