Oracion Jes�s amigo de Betania
Plegaria
En el seno de mi hogar hay, buen Jes�s, penas muy hondas y secretas.
S� T� reinaras entre los m�os, con toda la intensidad del amor que T� mereces, ah! no habr�a en mi casa tantos ni
tan amargos pesares! Ven, ven OH! amigo de Betania, pues en mi familia hay alguien que est� enfermo y T� le amas.
Cuando T� est�s, hasta las mismas penas son suaves y a tu lado las espinas son b�lsamo de paz!
Ven pues y no tardes! Apres�rate porque mi hogar est� herido con la ausencia de seres queridos que faltan en �l, padre,
madre y hermanos, todos crecimos juntos al pie de la Cruz. Ah! y despu�s esa misma Cruz, por voluntad del Cielo,
nos ha ido separando del nido santo del hogar.
Ten piedad de esos amados ausentes que trabajan y luchan lejos de la familia, y talvez tambi�n lejos de tu altar.
Oh! Ven pronto a nuestro lado, jas�s.
Maestro, hermano, amigo del alma, Jes�s querido, ten misericordia tambi�n de los m�os que murieron,
de aquellos que volaron a la eternidad en seguimiento tuyo...!
Duermen en paz porque te amaron y porque T� eres infinito en caridad... M�s al irse, nos dejaron sombras y
tristezas en el alma, espinas y una tumba en el camino ...
Ah! pero bien s� yo que en T� coraz�n amabil�simo no puede haber separaciones; en �l donde est� la
vida desaparece la horrible muerte. Por eso te pido paz sobre sus tumbas.
Y los que hemos quedado gimiendo en este valle de l�grimas, dadnos la resignaci�n que levanta el
desapego de la tierra y el amor al sufrimiento que nos una inseparablemente a T�, dulce Amigo de Betania
No cierres todav�a la preciosa herida del costado, tengo que pedirte en
especial Se�or por los que sufren, por aquellos, Jes�s m�o, que te buscan con los ojos cansados de
llorar, por tantos a quienes la desgracia, los duelos, las decepciones, la pobreza, las enfermedades o sus
propias flaquezas han herido de muerte.
Nazareno amabil�simo T� sabes cu�n punzantes son las espinas del camino! Consuela a los atribulados,
ten piedad de los que sufren y ven a ellos Amigo de Betania.
De m� no te he hablado, porque me he confiado sin reserves a T� Divino Coraz�n.
T� que tanto me amas y que eres el �nico en comprenderme no querr�s seguramente olvidarme...
Oh! Jes�s, escucha mi �ltima plegaria, unida siempre a la agon�a de T� Coraz�n
Sacramentado; incl�nate y bend�ceme benigno.
As� sea.
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